SANTIAGO CASTAÑEDA
Lo tomaron por los hombros, lo levantaron y lo obligaron a encarar al hombre al que había robado.
—¿Te consideras muy inteligente? ¿Te crees muy cabrón? —preguntó el adinerado mientras golpeaba al joven en el estómago, haciendo que se doblara del dolor—. Te daré una merecida lección, para que la pienses dos veces antes de robarle a alguien más.
Consideré quedarme en completo silencio. No era mi problema. No planeaba involucrarme, pero la manera en la que ese hombre lo trataba