JULIA RODRÍGUEZ
Matthew retrocedió con los puños apretados, pero los hombros caídos. Su mirada estaba cargada de escepticismo y decepción, se paseaba desde mis tobillos hasta mi rostro, desconociéndome.
—¿Es en serio? —preguntó indignado—. ¡¿Por eso tienes tanta prisa por divorciarte?! ¡¿Te urge mucho estar con él?!
—Matthew… por favor, no es el momento —pedí mientras sentía los lentes de todos esos celulares encima de nosotros.
—¡Dilo! ¡Admite que él es el motivo por el que quieres divorciart