LILIANA CASTILLO
«Recuerda que quien gana en una partida de ajedrez, es quien comete menos errores. No te hice soldado para que obedezcas reglas, te hice cabrona para que hagas las tuyas propias», recordé las palabras de mi padre, retumbando en mis oídos cuando su entrenamiento terminó. Desde que tengo uso de razón, ese señor siempre se enfocó en entrenarme, a veces a modo de juego, otras veces de una manera muy realista.
No me quería en la milicia. Ni siquiera me quería inmiscuida en sus nego