LILIANA CASTILLO
Me pegué al respaldo y contuve la respiración mientras Carl sacaba su pistola. Tragué saliva y busqué todas las posibles maneras de convencerlo de que no me matara, desde amenazas básicas hasta súplicas insistentes con lágrimas incluidas, pero en ese momento nada salió. Entonces me di cuenta de que sus ojos no me estaban viendo a mí, sino a algo que estaba ocurriendo justo detrás de mí.
Cuando volteé vi a un par de hombres que caminaban como si el local fuera suyo. No se esfor