El regalo de la extraña: Un beso Palestino.
Faltaba solo una noche para mi partida cuando Nasim me llevó a cenar hacia la Carretera a El Salvador. Era mi primera vez en esa ruta y me fascinó el caos del trayecto: una procesión interminable de luces rojas que se estiraba como una serpiente de fuego, intentando escapar del centro de la ciudad. El contraste de la noche fría de diciembre con el calor del coche creaba una atmósfera extrañamente íntima.
—Es normal —dijo Nasim, rompiendo el silencio y respondiendo a una pregunta que yo solo hab