El lunes el trabajo volaba. La atmósfera de la Navidad se sentía en cada esquina de la Ciudad de Guatemala, tiñendo las calles de luces doradas, frío de fin de año y un aire de nostalgia.
Con cada adorno que veía, sentía más cerca mi despedida de esa urbe que me había acogido con tanta intensidad. Entre el caos de los cierres fiscales, las llamadas de última hora y las compras de pánico de la oficina, yo solo pensaba en una cosa: dejar un rastro. Quería que mi paso por sus vidas no fuera una r