La mañana comenzó como cualquier otra. Doña Rosa estaba en la cocina, Julián había salido temprano hacia los cultivos y Ernesto trabajaba en el taller. Don Tadeo permanecía sentado en el porche, observando a Marcos preparar las herramientas para revisar la parcela del este. Desde que sus piernas se habían vuelto más lentas, el anciano había comenzado a confiarle pequeñas decisiones que antes jamás habría permitido que otro tomara sin su aprobación. Marcos decía que aquello significaba que Don T