Leonor llevaba apenas unos meses viviendo en su nueva casa cuando descubrió que tener un lugar propio también significaba enfrentarse a decisiones que nadie podía tomar por ella. Ya había aprendido a cerrar la puerta cuando necesitaba descansar y a abrirla cuando quería compañía. Lo que todavía no sabía era qué hacer cuando alguien llegaba y despertaba en ella algo que no esperaba.
Ocurrió una tarde de lluvia.
Leonor acababa de regresar de una comunidad cercana y estaba guardando sus herramient