Los días siguientes fueron tranquilos. Ernesto continuó visitando el taller de Samuel cuando podía, Carolina ayudaba a organizar nuevos maestros y Elena comenzó a recorrer varias comunidades como partera. En la casa, sin embargo, algo empezó a cambiar. Don Tadeo ya no salía todas las mañanas hacia los cultivos. Algunas veces se quedaba sentado en el porche con el bastón entre las manos, observando desde lejos el trabajo de Julián y Marcos. Nadie mencionaba demasiado el asunto, pero todos lo hab