La vida de Leonor y Gabriel encontró su propio ritmo. Había semanas en las que ambos coincidían en casa y cenaban juntos todas las noches. Otras veces Gabriel estaba recorriendo pueblos con sus encargos mientras Leonor visitaba comunidades por su trabajo. Aprendieron a dejar notas sobre la mesa, a respetar el cansancio del otro y a no convertir cada ausencia en una ofensa. La casa dejó de sentirse nueva. Ya había marcas en la mesa, una bisagra que necesitaba ajuste y una pequeña mancha en la pa