Mundo ficciónIniciar sesiónFaltaban setenta y dos horas.
Estaba de pie frente al inmenso ventanal de la suite principal, observando el cielo gris plomo que amenazaba con descargar una tormenta sobre los bosques que rodeaban la mansión Volkov. Mi respiración era pausada, controlada, pero por dentro, cada fibra de mi cuerpo estaba tensa como la cuerda de un violín a punto de reventar.
Todo estaba listo. El dinero de las cuentas suizas de Irina descansab







