El silencio bajo las luces rojas de emergencia era asfixiante.
Llevaba tres horas sentada en el borde de la inmensa cama, con las rodillas pegadas al pecho. Las persianas de acero blindado bloqueaban cualquier noción del tiempo o del clima exterior. La mansión se había convertido en un submarino a kilómetros de profundidad.
Abajo, en las entrañas de la casa, Aleksei estaba buscando respuestas. Y yo sabía exactamente qué métodos usaba el Pakhan de la Bratva cuando le robaban quinientos millones