Papá empezó a trabajar en la vieja fábrica de ladrillos a las afueras del pueblo. Durante su primer mes allí, una pila de ladrillos se desplomó y le destrozó una pierna.Los médicos consiguieron salvarle la vida, pero quedó cojo. Como no tenía dinero para continuar el tratamiento, le dieron el alta antes de tiempo. Solo pudo regresar, arrastrando una pierna, al cobertizo destartalado que ocupaba a la entrada del pueblo.Todas las noches, los vecinos que pasaban junto al cobertizo lo oían llorar y hablar solo:—Vale… Sé que me equivoqué. Aquel día, en el autobús, debí hacerte subir…Pero yo ya no podía responderle.Anita también terminó pagando por sus actos. Como desde niña yo había recibido todos los castigos en su lugar, ella había aprendido a temerlos, pero no a responsabilizarse por lo que hacía.Después de marcharse a otra ciudad, se peleó con alguien en una fiesta y le abrió la cabeza. La víctima presentó una denuncia penal y reclamó cien mil dólares como indemnización.Anita no
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