Un año después, en el primer aniversario de mi muerte, cayó una lluvia torrencial sobre Puerto Niebla. La policía devolvió por fin las pocas pertenencias que el equipo de búsqueda y rescate había recuperado entre los escombros. Entre ellas había un pequeño cuaderno deformado por el agua, pero todavía legible.
Era mi diario.
Papá llegó a mi tumba con gran dificultad; había tropezado y caído varias veces durante el trayecto. Anita también regresó desde la otra ciudad, en un estado lamentable. Mamá