Papá empezó a trabajar en la vieja fábrica de ladrillos a las afueras del pueblo. Durante su primer mes allí, una pila de ladrillos se desplomó y le destrozó una pierna.
Los médicos consiguieron salvarle la vida, pero quedó cojo. Como no tenía dinero para continuar el tratamiento, le dieron el alta antes de tiempo. Solo pudo regresar, arrastrando una pierna, al cobertizo destartalado que ocupaba a la entrada del pueblo.
Todas las noches, los vecinos que pasaban junto al cobertizo lo oían llorar