NoraNora no era tonta.Impulsiva, sí.Descarada, definitivamente.Pero tonta no.Y había algo raro en Lago Auralis.Muchísimas cosas, en realidad.Los lobos.Adam comportándose como si fuese el dueño no solo del complejo, sino también del bosque.Caleb desapareciendo cada vez que había problemas.Aquella noche, cuando el animal atravesó la ventana de recepción, Caleb había llegado a la cabaña demasiado rápido.Muchísimo.Y después estaba su herida.Nora la había visto dos días antes.Un corte profundo en el brazo después de arreglar una valla.Hoy no tenía nada.Ni cicatriz.Ni marca.—¿Vas a quedarte ahí toda la noche?Caleb estaba apoyado contra la puerta de la pequeña despensa del edificio principal.Nora cruzó los brazos.—Estoy decidiendo si me caes bien.—Hace cuatro horas me besaste.—La gente comete errores.—Tres veces.—Soy perseverante.Caleb sonrió.Maldita sonrisa.Nora se acercó.—¿Qué me escondes?La expresión del hombre cambió muy poco.—Muchas cosas.—Eso no era la r
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