Emily
No sentí alegría.
Eso fue lo primero que me sorprendió.
Había imaginado que si realmente era mi padre sentiría algo enorme.
Un reconocimiento instantáneo.
Amor.
Rabia.
Algo.
En lugar de eso solo había un vacío extraño.
—No.
Rowan no se movió.
—Emily…
—No puedes aparecer veinte años después y decirme eso.
—Lo sé.
—No sabes nada.
La rabia llegó por fin.
Mucho mejor que el vacío.
—Mi padre se llamaba Robert Hughes.
Un destello de dolor cruzó su cara.
—Ese nombre nunca existió.
Sentí como si