AdamAdam despertó antes que Emily.No se movió.Ella dormía pegada a él.Cabello rojo extendido sobre su pecho.Una mano descansando encima de su abdomen.Una de sus piernas sobre la suya.Su lobo estaba insoportablemente satisfecho.Compañera.Adam miró el techo.—Ni se te ocurra acostumbrarte.Emily se movió.Su nariz rozó su piel.El lobo ignoró completamente la advertencia.Adam sonrió.Había pasado la noche más difícil de su vida.No por dormir.Por no hacer nada más.Emily se había quedado entre sus brazos, caliente, suave, oliendo a aquella mezcla de vainilla y bosque que parecía haber sido creada específicamente para destruirlo.Varias veces durante la noche se había movido contra él.Inconsciente.Adam había aprendido que mirar fijamente el techo era una habilidad de supervivencia.Ella abrió los ojos.—Buenos días.La voz todavía dormida hizo cosas innecesarias en su cuerpo.—Buenos días.Emily levantó ligeramente la cabeza.—¿Cuánto llevas despierto?—Un rato.—¿Mirándome?
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