(Perspectiva de Nolan)Si me hubieran dicho hace seis meses que un profesor titular de Derecho Mercantil terminaría siendo expulsado de un pasillo universitario por una estudiante de primer año, habría escrito un ensayo de cincuenta páginas sobre la decadencia del orden institucional. Pero ahí estaba yo, el martes por la mañana, apoyado contra una columna de mármol del ala este, con un café humeante en la mano y una sonrisa nerviosa que no me pertenecía, esperando a que el destino —o la suerte de los litigantes— me pusiera a Gemma de frente.No era una estrategia legal, ni un movimiento táctico. Era, en esencia, un intento desesperado de hacer lo que Finnick me sugirió: ser humano, ser vulnerable y, sobre todo, ser lo suficientemente persistente para ser molesto.La vi doblar la esquina poco antes de las ocho. Caminaba con paso firme, con esa postura altiva que adoptaba cuando intentaba que nadie notara que, por dentro, estaba a punto de colapsar. Cuando sus ojos se encontraron con lo
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