El invierno en las cimas del continente no cedía fácilmente, pero el aire que recorría las terrazas de la fortaleza de Obsidian traía consigo una tibia corrientes de esperanza. Meses después de que las mentiras de Ginger cayeran bajo el peso del acero y la verdad, el Territorio Obsidian no solo se había consolidado como un estado soberano, sino como el pulmón económico y defensivo de la región. Los renegados, antaño cazados como alimañas por los patrulleros de las grandes manadas, caminaban ahora con la cabeza erguida, vistiendo armaduras forjadas en sus propias minas y cultivando las tierras fértiles de los valles del sur.En la plaza central del bastión, la integración entre los guerreros de MoonBlood y la vanguardia renegada era una escena cotidiana. La guardia real de Darek, despojada de la prepotencia arrogante que la caracterizaba durante los años de la conspiración, había aprendido a respetar la ferocidad y el sentido de comunidad de la gente de Kaelia.En el patio interior de
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