El eco de los murmullos se apagó por completo en el Gran Salón. La imagen de Ginger, despojada de su magia y sollozando de rodillas sobre el mármol ensangrentado, marcaba el fin de cinco años de engaños.
Darek permanecía con la vista fija en Kaelia, aguardando la palabra que decidiría el destino de la mujer que intentó destruir a su familia. El consejo noble, aún de rodillas, contenía el aliento.
Kaelia avanzó lentamente hacia el centro del estrado. Sus ojos de azul dorado observaron a Ginger s