La noticia del envenenamiento de Julian Vance cayó sobre la torre de Thorne Enterprises como un telón de acero. En cuestión de minutos, el piso cincuenta quedó bajo un confinamiento estricto orquestado por el equipo táctico de Dante. Las sirenas de las ambulancias resonaban abajo, en las calles de Nueva York, pero dentro del penthouse el silencio era helado, casi sepulcral.Alessia permanecía de pie en el centro del vestidor principal, observando su reflejo en el espejo de cuerpo entero.Frente a ella descansaba el vestido de novia que los sastres privados de Dante habían traído a toda prisa: una creación de alta costura en satén de seda tono marfil, de cuello alto, mangas largas ajustadas y una espalda sutilmente descubierta. No había encajes románticos ni bordados recargados; era una armadura de elegancia austera, tan afilada y bella como una daga de plata.A sus espaldas, la puerta corrediza se abrió. Dante entró, vestía un esmoquin negro de corte impecable, con la camisa blanca pu
Leer más