Los días siguientes a la cena con los Ferretti transcurrieron bajo una tensión distinta a la de las semanas anteriores. Luca había regresado a su rutina habitual de distancia estudiada, evitando cualquier situación que pudiera repetir la cercanía accidental de aquella noche, pero Emma había notado algo nuevo en su comportamiento: una especie de vigilancia silenciosa, como si él mismo desconfiara de sus propias reacciones y prefiriera mantenerse fuera de cualquier escenario que pudiera ponerlas