Capítulo 16. Habitaciones conectadas
FERNANDAEl ruido estruendoso del portazo que dio Nikitas al salir se extinguió lentamente en el majestuoso vestíbulo de mármol, dejando un silencio sepulcral que de inmediato se sintió pesado. Me quedé estática en mi lugar, con los brazos aún cruzados sobre el pecho y la barbilla en alto, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a abandonar mi cuerpo.Giré la cabeza con cautela para mirar al General Vasilakis. Esperaba ver su habitual mirada de granito, o tal vez un sermón corporativo sobre cómo una mexicana en tenis neón no debía amenazar a los miembros del consejo de administración en su propio suelo. Sin embargo, Alexander me contemplaba con una fijeza indescifrable. Sus ojos grises, usualmente fríos, brillaban con una mezcla de absoluto asombro y una muy oculta, pero evidente, satisfacción.—Señorita García —pronunció al fin, rompiendo el silencio. Su voz ronca resonó en las paredes blancas—. Su capacidad para la confrontación verbal es… notablemente eficiente.—Te dije que no te e
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