Capítulo 4. Fusión corporativa
FERNANDAEl silencio me golpeó más fuerte que la resaca. Alexander Vasilakis. No tenía la menor idea de quién era, pero su voz a través del auricular —ronca, profunda y con una seguridad aplastante— denotaba que era el amo absoluto de su propio mundo. Mi taza de café ahora estaba estrellada en el suelo, inundando los azulejos, pero ya no importaba. ¿Estaba en la mira de un Sugar Daddy... o de algo mucho más peligroso? ¿O acaso era una broma pesada de pésimo gusto por mi anuncio viral?—¿Hola? ¿Sigue ahí? —mi voz salió como un chillido aguado—. Mire, si esto es una broma por mi anuncio...—Sigo aquí, F. Y yo jamás bromeo —su tono era paciente, frío y milimétricamente preciso—. Vi su publicación. Encontré su propuesta bastante... directa, dada la urgencia de mi situación actual.—Ah, sí. El anuncio... —tartamudeé, sintiendo cómo el alcohol de anoche regresaba en oleadas de pura vergüenza—. Mire, señor Vasilakis. Fue un terrible error. Un acto de desesperación, ya sabe... cócteles, deuda
Leer más