Capítulo 14. Historias Cruzadas
FERNANDA
El asistente de vuelo se retiró con la misma discreción silenciosa con la que había servido la cena elegante, dejándonos de nuevo a solas en el santuario de cuero beige. El avión se movía con una suavidad perfecta sobre el Atlántico, pero el ambiente en la cabina seguía cargado con la electricidad residual de nuestra última conversación.
Alexander sostenía su bolígrafo de oro, con la mirada fija en su libreta de piel como si estuviera analizando un informe de seguridad nacional.
—Muy b