Capítulo 18. Entre sedas y letras griegas
FERNANDA
Darle el último bocado a mi filete bañado en salsa roja fue un triunfo personal, pero la mirada fija de Alexander al terminar de comer me indicó que la tregua del almuerzo había llegado a su fin.
El General colocó sus cubiertos en un ángulo perfecto de cuarenta y cinco grados sobre el plato, se limpió los labios con la servilleta de lino y se puso de pie con esa parsimonia que parecía ensayada en un manual de etiqueta. Su imponente figura recortó la luz del comedor.
—Srita. García, dej