Capítulo 20. La guerra de los números impares
FERNANDA
Después de la intensa tarde de compras en Kolonaki y de sobrevivir a la mirada de granito de Alexander mientras me probaba vestidos de seda negra, pensé que el palacio de mármol no podía ser más intimidante. Me equivocaba. El imperio Vasilakis tenía capas de control que ni siquiera mi mente caótica alcanzaba a imaginar.
A la mañana siguiente, el jet lag me dio una pequeña tregua y logré despertarme a una hora decente. Impulsada por la necesidad de explorar el territorio del león, salí