Capítulo 121. Tan de repente.
El ambiente en la villa respiraba una paz que Emma no había sentido en semanas. El cálido sol de la tarde iluminaba el jardín, mientras el delicioso aroma a comida casera inundaba el lugar.En la amplia cocina, la madre de Emma, la madre de Nicolás, daban indicaciones a las cocineras para preparar un gran banquete de celebración.En la terraza, Emma compartía un momento a solas con su padre, Manuel, quien acababa de regresar apresuradamente de un viaje de negocios en México al enterarse del escándalo legal de su hija.—Hija, debiste haberme llamado de inmediato y avisado de todo lo que estaba pasando —le reprochó Manuel con suavidad, tomando las manos de Emma entre las suyas—. Me duele el alma saber que estuviste en peligro y yo no estuve aquí para protegerte.—No tuve tiempo ni cabeza para nada, papá —confesó Emma, esbozando una sonrisa cansada pero sincera—. Todo fue muy rápido. Entre los abogados, el miedo a perder mi prestigio y la angustia, los días se me pasaron volando sin darm
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