Capítulo 126. Para mi esposa nada es demasiado.
Dos meses después.
El sol de la mañana brillaba con fuerza sobre los imponentes ventanales de la Corporación Altamirano.
Emma caminaba por los elegantes pasillos del edificio, con el sonido de sus tacones marcando un ritmo impaciente sobre el mármol.
A su lado, Nicolás la guiaba con una mano apoyada en la base de su espalda.
Su esposo tenía esa media sonrisa enigmática que siempre ponía cuando estaba tramando algo grande, y a ella la curiosidad ya la estaba matando.
—Nicolás, por favor, ¿no me