Capítulo 119. El peso de la ley.
Al día siguiente, cuando la noche ya había envuelto la ciudad en un manto oscuro, Nicolás regresó finalmente a su mansión.Al cruzar el umbral de la sala principal, encontró a Emma sentada en el amplio sillón, con las rodillas recogidas contra el pecho y la mirada perdida en la chimenea apagada.Al escuchar sus pasos, ella se levantó de un salto.—Nicolás, ¿dónde te habías metido? —le reprochó, corriendo hacia él para abrazarlo—. Estaba muy preocupada, no me contestabas el teléfono.Él la rodeó con sus fuertes brazos, hundiendo el rostro en su cuello para aspirar su aroma, encontrando por fin la paz que tanto necesitaba.—¿Y los niños? —preguntó él en un susurro ronco, visiblemente agotado.—Están durmiendo en sus habitaciones. Pero no me cambies de tema, habla ya. ¿Dónde estabas?Nicolás suspiró profundamente, apartándose lo justo para mirarla a los ojos con una intensidad que le robó el aliento a Emma.—Viajé hasta Madrid en mi avión privado. Encontramos a Desiree.Emma abrió los oj
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