Capítulo 124. El apellido no compra la vida.
A las diez de la mañana en punto, el eco de los pasos firmes de Raúl sonó por el pasillo de la clínica.
Llevaba su maletín en una mano y el semblante serio de quien acaba de librar una dura batalla legal.
Al ver a Nicolás sentado en la sala de espera, con la mirada perdida y evidentes ojeras tras una noche en vela, se acercó rápidamente.
—Fui directamente a la fiscalía a primera hora, Nicolás —anunció el abogado, sentándose a su lado—. Hablé personalmente con el juez encargado de nuestro caso.