Elena no había pensado en esa posibilidad.No de verdad.La idea había estado siempre demasiado lejos, enterrada bajo diagnósticos, miedo y años de creer que su cuerpo no podía darle un hijo. Pero ahora que Adrián la había pronunciado en voz alta, ya no podía apartarla de su cabeza.¿Y si era cierto?El corazón empezó a latirle con fuerza.No quería hacerse ilusiones. Había aprendido a no esperar demasiado, a no permitir que una posibilidad se convirtiera en una promesa. Pero mientras recogía su bolso y se despedía de Adrián, no pudo dejar de pensar en las náuseas, en el cansancio, en los mareos que habían comenzado unos días atrás.Todo encajaba.Y, precisamente por eso, también podía no significar nada.—Voy a volver a casa —le dijo a Adrián.—¿Quieres que te acompañe?—No. Solo necesito descansar.—Elena...—Estoy bien. De verdad. Quizás solo sea un virus.Adrián la observó con atención, pero no insistió.—Llámame si necesitas algo.—Lo haré.Al salir de la oficina, Elena repitió l
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