El beso comenzó despacio.
Fue tímido al principio, como si ambos temieran que un movimiento demasiado brusco pudiera romper lo que estaba ocurriendo. Los labios de Adrián apenas rozaron los de Elena, inseguros, buscando permiso.
Ella no se apartó.
Y eso fue suficiente.
Adrián inclinó un poco más el rostro. Sus labios se amoldaron a los de ella con una facilidad que lo dejó sin aliento. El beso se profundizó rápidamente, arrastrándolos a un lugar donde no existían Julián, Isabella, el divorcio n