El trayecto hasta la casa de Adrián transcurrió en silencio.
Elena permaneció junto a la ventanilla, con la mirada perdida en las calles de Barcelona. No lloraba ya, pero sus ojos seguían húmedos y su rostro parecía ausente, como si una parte de ella todavía estuviera en aquella oficina, frente a Julián, mirando una ecografía que había destruido el futuro que creía tener.
Adrián no intentó hacerla hablar.
Solo conducía, lanzándole alguna mirada de vez en cuando para asegurarse de que seguía res