Elena no supo qué contestar.La pregunta quedó suspendida en el aire caliente del baño, mientras el agua se movía perezosa alrededor de su cuerpo. Esperaba encontrar reproche en el rostro de Adrián, molestia, algo. Pero para su sorpresa, él no parecía enfadado en absoluto.La observaba con calma. Con deseo.Y entonces, en silencio, comenzó a desvestirse.Se quitó la camisa con lentitud, revelando un cuerpo firme que ella nunca se había permitido imaginar. Los hombros anchos, el pecho marcado, el vientre plano que descendía hasta la línea de sus caderas. Elena contuvo el aliento dentro de su propia fantasía. Detrás de ella, Julián seguía allí, con las manos en su cintura, con los labios rozándole el cuello.Adrián terminó de desnudarse y se deslizó dentro de la tina, frente a ella. El agua se desbordó cuando su cuerpo se sumergió, y sus rodillas rozaron las de Elena, abriéndole las piernas despacio.—Aquí estoy —murmuró él—. Es a mí a quien quieres, ¿verdad?Ella temblaba, atrapada ent
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