Victoria pasó la mañana en el taller de Daniel, ahí se sentía más cómoda que en la mansión Montenegro, donde cada gesto parecía medirse por Fernanda, Regina o Adrián.En el taller, en cambio, su opinión importaba.—No puede depender solo de la apariencia —dijo Victoria, señalando el prototipo sobre la mesa—. Si el cliente quiere lujo, también va a exigir durabilidad. No sirve de nada que luzca bien si se daña con el uso diario.Daniel, de pie a su lado, revisó el plano.—Eso mismo pensé. Por eso quería que lo vieras antes de presentarlo.Victoria lo miró.—¿Antes de presentarlo a quién?Daniel cerró la carpeta que llevaba en la mano.—A una marca privada. Trabajan con objetos de alto valor para hoteles boutique y residencias exclusivas. Quieren desarrollar una línea pequeña, muy cuidada. Piezas funcionales, pero con identidad propia.Victoria tardó unos segundos en responder.—¿Y quieres que revise algo del proyecto?—Quiero que participes.Ella soltó una respiración lenta.—Daniel, ap
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