Victoria seguía sin saber que Adrián ya había echado a andar su plan para engañar a Fernanda. Por eso, cuando mandó llamarla, Fernanda creyó que finalmente podría restregarle a su hermana su triunfo.Entró a la habitación con una serenidad cuidadosamente construida, como si cada paso hubiera sido ensayado antes de cruzar la puerta. Llevaba el rostro suave, los hombros relajados y esa expresión de falsa preocupación que durante años había logrado convencer a todos. Victoria, en cambio, permanecía recostada, más pálida de lo que Fernanda esperaba, pero con una calma que no supo interpretar de inmediato.—Vicky —dijo—. Me dijeron que querías verme.Victoria asintió.—Sí. Cierra la puerta, por favor.Fernanda dudó apenas, pero obedeció. El clic de la puerta al cerrarse dejó la habitación demasiado quieta. Solo se escuchaba el ritmo constante de los equipos junto a la cama.—¿Estás bien?—No.La respuesta le dio gran satisfacción a Fernanda, sobre todo porque veía cómo Victoria respiró con
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