Capitulo 39

Benedict Cavendish

​La bofetada aún me palpitaba en la mejilla, un recordatorio físico de que Savannah no estaba dispuesta a ser la muñeca de porcelana que el mundo creía que era. Pero verla ahora, enredada en mi cuerpo, con la respiración entrecortada y los ojos encendidos con esa rabia posesiva, era mucho más excitante que cualquier sumisión pasiva.

​Ella se movía sobre mí con una urgencia eléctrica. Sus manos, que antes se aferraban a mis hombros por necesidad, ahora recorrían mi pecho y m
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