Savannah Montgomery Desperté sintiendo una extraña paz, una calidez que me recorría el cuerpo y que no reconocía como mía. Estiré la mano hacia el lado derecho, esperando encontrar el calor de Benedict, pero mis dedos solo encontraron la tela fría. Estaba sola. Me incorporé lentamente, sintiendo el cuerpo pesado y adolorido, un recordatorio vívido de cada movimiento, de cada embestida, de cada palabra susurrada contra mi piel durante la madrugada. Mi bata de baño estaba tirada en un rincón y mi cuerpo, desnudo, parecía conservar todavía la huella invisible de sus manos. Novios. La palabra retumbó en mi mente como una promesa sagrada. Recordé sus ojos, la intensidad con la que me miró cuando prometimos exclusividad, cuando acordamos que, aunque Kaelen siguiera siendo parte de nuestros juegos, mi corazón y mi lealtad tenían un solo dueño. Benedict Cavendish. El hombre que, en apenas unos días, había logrado desmoronar todas mis defensas, todas mis estructuras de hija perfecta, d
Leer más