Mientras Drago conducía hacia Angelia, su linda pasajera seguía dormida desde que él la había llevado en brazos desde el acantilado. Le reclinó el asiento para que estuviera cómoda y la falda se le había subido. Como se había quitado la tanga en el acantilado, sus muslos suaves y desnudos quedaban a la vista, bajo su mirada ansiosa.—Lo estás pidiendo a gritos... Pequeña rebelde... —murmuró, con una sonrisa oscura. Con las fuerzas recuperadas tras el descanso, se le encendió el deseo otra vez. Sin apartar la mirada del camino, le llevó la mano, floja y adormecida, hacia abajo y cerró los dedos de ella alrededor de su miembro rígido, que palpitaba con una urgencia desesperada.—Sss... aah...Drago no esperaba que esa caricia lo estremeciera tanto. Conducía con una mano mientras movía la mano de ella sobre su miembro. Cuando estuvo a punto de venirse, aceleró el ritmo y terminó despertándola.—Mmm... Drago, ¿qué haces...? —Lo vio apretar los dientes, tensado por el placer. Verla despeina
Leer más