Adrian salió del baño con una toalla enrollada a la cintura, dejando que su cabello negro y húmedo goteara sobre el suelo. Ignorando la presencia de Penelope, que seguía inmóvil cerca de la puerta del pasillo, caminó hacia el largo sofá en la esquina de la habitación. Allí estaba su tableta. Adrian se sentó, encendió la pantalla y fingió sumergirse en los informes financieros mensuales de la empresa.Penelope se apretó los dedos, que empezaban a sudar frío. Su llanto había cesado, reemplazado por un pavor latente provocado por las palabras de Chris en el balcón. *Adrian nunca te tocará.* Esa frase daba vueltas en su cabeza como un disco rayado, compitiendo con la imagen de su madre, que se debatía entre la vida y la muerte en el quirófano.—No tengo mucho tiempo —susurró Penelope para la vacuidad del silencio.Cerró los ojos un instante, despojándose de las últimas dudas. Llevó las manos a sus hombros y, con un movimiento brusco, bajó los tirantes de su pijama de seda negra. La fina t
Leer más