Eleanor permanecía junto a la puerta de la habitación, aguardando mi llegada con una inquietud que ya no intentaba ocultar. En cuanto me acerqué, se hizo a un lado y abrió lentamente la puerta para dejarme entrar, pero antes de que pudiera cruzar el umbral volvió a detenerme. Sus dedos temblorosos se aferraron con suavidad a mi antebrazo y, al levantar la vista hacia mí, encontré en sus ojos una mezcla de miedo, culpa y una súplica que parecía no encontrar la fuerza suficiente para convertir en palabras.—Por favor, Abigail... —susurró con la voz quebrada, sin apartar los ojos de los míos—. No lo alteres. Los médicos dijeron que todavía está muy débil y cualquier sobresalto podría perjudicar su recuperación. Solo voy a dejarte entrar porque no ha dejado de pedir verte desde que despertó. Te lo ruego... mide tus palabras.—No tienes que preocuparte por eso, Eleanor —respondí con serenidad, sin apartar la mirada de la suya—. No he venido hasta aquí para ajustar cuentas con Brandon. Si d
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