Luis alzó los ojos y la contempló. Violeta estaba llorando, histérica, con un pecho al aire, temblorosa, tapándose la boca con una mano, y protegiendo al bebé con la otra.La admiró como una estatua griega, con el pecho suculento, lleno y destapado, con el otro tirante apenas aferrado a su hombro redondito y frágil. Embarazada y hermosa, pero también triste, delicada, temiéndole.Se quedó quieto, el dolor dejó de correr por su ser y entendió lo que estuvo a punto de hacer.Se levantó como pudo, tomando su parte noble. El rostro se le desfiguró por el dolor.Violeta se alejó al verlo de pie, cubriéndose, encogiéndose en su sitio, protegiendo por completo su barriguita redonda y tersa.―No te atrevas a tocarme ―musitó casi sin fuerza.Tragó saliva al saberla tan afectada, tan…«¡Joder, ¿qué hice?!» ―se preguntó abrumado y asustado por sus propios sentimientos, por sus acciones.Sin decir nada, retrocedió paso a paso, observando cómo Violeta se encogía más y más, llorando, temiéndole, co
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