Las primeras gotas de leche no se hicieron esperar y se derramaron en su paladar. Las degustó con placer, gruñendo, mamando con fuerza para obtener más de ese delicioso elíxir que hizo brincar su erección con ímpetu, que despertó por completo su instinto de cazador, que le gritó que domara a aquella hembra, que la hiciera suya. Succionó con hambre voraz, paladeando el dulce néctar que sabía a leche de almendras, más dulce, más exquisita.Violeta jadeaba, gemía y se removía sobre su erección, pese a que él no sentía tanto con el movimiento como ella, todo gracias al vaquero.Lo agarró del cabello y lo apretó contra su teta, sintiendo que estaba al borde del precipicio, con su cuerpo hirviendo en el más increíble de los placeres. La boca voraz de su padrastro estaba succionando su leche, devorándosela, lamiendo su sensible pezón, mordisqueándolo cada tanto, provocándole mil escalofríos que, como rayos eléctricos, atravesaban su cuerpo hasta repercutir sobre su ansioso sexo que se estrem
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