No, no quería pensar en ello, pero fue inevitable, en especial porque mi corazón latió con vigor, y esa vez nada tenía que ver con la excitación. Mis sentimientos se entremezclaron y bajé los ojos para que no observara la resignación en mi semblante.
Tragué con dificultad.
―¿Siena? ―consultó y su preocupación se hizo presente en su voz.
Con su mano en mi barbilla, en un suave movimiento, guio mis ojos a los suyos.
―Recuerdas lo que te pregunté, ¿verdad? ―inquirió con la ceja alzada, con graveda