Las imágenes de Hayden cogiéndola como todo un dominante la acaloró más y más, tiñendo sus mejillas.
Hayden creyó que estaba avergonzada para pedirle que se fuera, que su sonrojo se debía a lo delicada y sensible que era su alma, no se le pasó por la mente que estuviera deseándolo, que necesitara sentir su miembro erguido hasta el fondo de su ser, que deseara ser sometida por su cuerpo.
Tragó saliva y se rascó la cabeza.
―Te dejo para que te duches. Voy a hacer algo de comer, me imagino que no