— ¡Bravo! —Charles aplaudió con lágrimas en los ojos ante una asustada Viviane—. ¡Fastuoso, magnífico! —Se secó sus lágrimas teatrales frente a la respiración agitada de la joven, sin llegar a perderse ninguna de las emociones que pasaban por sus hermosos ojos verdes.— ¡Jesús de todos los santos, qué susto me ha dado, Lord Bennett! —El hombre sonrió encantador, ladeando la cabeza y dejando ver su cuestionamiento silencioso—. Es usted el primo de Su Excelencia, el Duque de Cambridge.— Así es, mi respetable y honorable dama —hizo una reverencia perfecta, digna de un caballero de la realeza. Ella sonrió, colorada—. ¿Me permitiría, Milady, exaltar su belleza? —Ella abrió los ojos, con la mano izquierda empuñada en el pecho, y a él no le pasó desapercibido el crucifijo que llevaba sostenido—. Con todo mi respeto hacia usted, por supuesto, ya que percibo que es una mujer religiosa, tal como lo puedo ser yo —sonrió sumiso… respetuoso… truhan.— Es… —se aclaró la garganta— es que no he teni
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