Tres personas permanecieron en un silencio casi acogedor dentro del minúsculo carruaje que los trasladaba a la Mansión Richards, cada uno sumido en sus pensamientos, tratando de encontrar la solución al problema que se había suscitado momentos antes en el Baile de las Rosas en casa de los Marqueses.Lady Ann moría de la ansiedad ante lo que pudiera suceder frente a su madre, quien ni ya que, según su criterio, influenciada por una Clarisse poco íntegra, había dejado de ser sumisa y obediente. Temía que la echara de la mansión sin siquiera tomar en cuenta los golpes de su rostro.Clarisse se hallaba sopesando cómo causarle daño a la doña sin que se viera como una venganza en contra de sus malas acciones para con su propia hija. Por otro lado, se encontraba su prometido, quien era el Duque, y al cual debía tenerle, respeto y consideración al no tomar las cosas por su propia mano, lo que de hecho le desagradaba sobremanera.Mason observó detenidamente a cada una de las mujeres que tenía e
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