Capítulo 16. El muro de los Estrada s
El miércoles llegó con un peso inusual en el aire. Sabía que la reunión con el señor Estrada no sería un paseo por el parque. Era un hombre de la vieja escuela, de esos que no se impresionan con gráficos bonitos ni con promesas vacías. Estrada era el dueño de la mayor parte del capital que mantenía a flote nuestros proyectos, y si él decidía retirar su apoyo, mi "imperio" se convertiría en humo en cuestión de horas.
Mientras terminaba de ajustarme la corbata frente al espejo de mi oficina, me o